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Dentro del DSMV se han clasificado los problemas conductuales y de control de impulsos bajo el epígrafe de “trastornos destructivos de control de impulsos y conducta”. Se incluyen entre ellos varios trastornos (cleptomanía, piromanía…) pero vamos a centrarnos en analizar dos de ellos, el trastorno explosivo intermitente y el trastorno conducta por su relevancia dentro de las evaluaciones forenses de imputados en delitos penales.

El trastorno explosivo intermitente con arrebatos recurrentes en el comportamiento refleja falta de control de impulsos de agresividad, en contraste con el trastorno de conducta en el que existe un patrón de conducta repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de los demás, las normas o reglas sociales propias de la edad. Dentro de la diferenciación de cada uno de ellos, en el ámbito forense, destacar la persistencia o no de las conductas agresivas así como la motivación que subyace detrás de las mismas, ya que difiere en cada uno de los trastornos. Dada la importancia de la motivación delictiva en el contexto de evaluación forense, esta variable nos va delimitar la clasificación de cada uno de ellos y su impacto en el delito cometido.

explosivoEn el contexto de los trastornos explosivos intermitente las conductas delictivas aparecen sin sentido, sin motivación tras ellas, en momentos puntuales en los que se confronta al sujeto (ej. es las reacciones impulsivas y sin control cuando se produce la detención policial, reacciones intensas ante estímulos provocativos leves). De hecho entre los criterios del DSMV en su apartado C se específica “los arrebatos agresivos recurrentes no son premeditados (es decir son impulsivos, o provocados por la ira) ni persiguen ningún objetivo tangible (dinero, poder, intimidación)”. Este hecho provocará en el estudio de causalidad con los hechos delictivos si el sujeto puede incluirse en la valoración de alteraciones en su capacidad volitiva que afecten al ámbito de su imputabilidad a nivel judicial. En este tipo de trastornos la capacidad cognitiva nunca estará alterada si no coexisten otros trastornos o factores en el momento de comisión del delito.

En el contexto de los trastornos de conducta, el delito aparece como un patrón de conducta reiterado, en el que el sujeto conoce que la misma no se ajusta a las normas sociales por lo que la exhibición de un comportamiento asocial no origina alteraciones en su capacidad cognitiva o volitiva, cuando abordemos el estudio de la relación de causalidad de informes sobre imputabilidad.

En ambos trastornos es necesario que se establezca una adecuada historia personal, así como antecedentes de comportamientos similares, el diagnóstico clínico y las alteraciones adaptativas que han estado asociados a lo largo del desarrollo vital del sujeto implicado en el procedimiento judicial.

Encajando estos datos con un estudio del tipo de delito cometido (inicio, ejecución y conducta motivacional que subyace tras el mismo), podremos realizar un informe forense con las garantías jurídicas necesarias en el ámbito de la psicopatología forense.

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