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El miedo es una emoción primaria negativa producida por un peligro presente e inminente. Los acontecimientos pueden ser interpretados como una amenaza en los procesos de valoración afectiva. Las respuestas se pueden traducir en afrontamiento, escape, evitación y focalización de la atención. El miedo se manifiesta en efectos subjetivos como tensión, desasosiego, malestar y pérdida de control; como efectos fisiológicos existe un aumento de la frecuencia cardíaca, presión arterial y amplitud de la respiración. El miedo provoca una hipervigilancia excesiva a sucesos cotidianos.

Teniendo en cuenta los factores de la emoción del miedo, el maltrato actúa como un estímulo no condicionado caracterizada por activación fisiológica (combatir-retirarse-paralizarse) siendo el miedo extremo (se llega a instaurar en la víctimas de maltrato continuo), la percepción cognitiva que se va instaurando es la indefensión. Inicialmente, las víctimas actúan con respuestas de evitación que consiguen a corto plazo un alivio del maltrato pero impiden que desaparezca la ansiedad asociada y fomentan la generalización del estímulo (miedo a actividades diarias, ir a trabajar, estar en casa, ocio…) violencia genero sin denunciaEl agresor va conociendo los mecanismos que provoca el miedo, por lo que va ganando una posición de dominio respecto a la víctima. La amenaza es su arma más poderosa, ya que activa el miedo sin ejecutar conducta, por lo que va paralizando la capacidad de respuesta de la víctima.

Todo ello contribuye a generar una sensación de indefensión y desesperanza en la víctima, fomentando una baja confianza en los recursos psicológicos propios para hacerse con el control de las situaciones de maltrato. Este hecho explica, a nivel cognitivo, que la víctima tenga miedo a denunciar e iniciar un procedimiento judicial con el agresor.

En muchos casos, el agresor va justificando y minimizando sus actos con su palabrería y sus momentos de luna de miel, lo que va generando sentimientos de culpabilidad en la víctima que se unen al miedo y provoca que ésta pueda mantenerse en situaciones altamente perjudiciales para sí misma. La intermitencia en situaciones conflictivas provoca un estrés crónico en la vida de la víctima con las consecuencias que ello conlleva en su salud física y psicológica.

El debilitamiento se va instaurando con pérdida de confianza en el entorno mezclada con dos factores que bloquean a la víctima para la búsqueda de ayuda; su agotamiento mental y físico unido al miedo a que las amenazas se hagan realidad en el momento en que se produzca la denuncia.

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