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¿Cómo influyen las imágenes de violencia sobre la sociedad, especialmente la violencia que se exhibe en los medios de comunicación audiovisual?

En estos momentos, espacios televisivos como los informativos y programas con contenidos de actualidad están invadidos de sucesos trágicos, puede dar la sensación de que se ha generado una mayor demanda de estas informaciones mientras existe un aumento de las muertes en violencia de género y de menores en el contexto de violencia doméstica en los últimos años.

Retrocediendo en la memoria histórica, en relación a la violencia frente a niños, el caso de Alcàsser fue de los más mediáticos en la trayectoria de la prensa de nuestro país. Se fue desgranando segundo a segundo los quehaceres del caso, desde la desaparición hasta el juicio, siendo considerado uno de los casos que más minutos de prensa ha generado, tanto escrita como audiovisual. Fue brutal la exhibición de fotos y filtración de pruebas a los medios de comunicación, acrecentando la parte morbosa en los telespectadores. Circunstancias como la coexistencia de programas sobre desaparecidos ayudó a la propagación de este tipo de contenidos. Este caso, aunque no fue de violencia doméstica, abrió el camino para la divulgación de casos especialmente cruentos en la sociedad española frente a niños.

Imagenes violentas en los mediosEl caso Orantes abrió el tratamiento de la violencia de género en televisión. Ana Orantes fue la primera mujer en relatar en un espacio televisivo su infierno de matrimonio. A los pocos días su exmarido acabó con su vida de forma violenta.

El desarrollo de estos acontecimientos a través de los años demuestra que los medios de comunicación son un arma de doble filo en el tratamiento de la violencia de género y sobre menores; si bien son necesarios para generar una mayor sensibilidad social de esta lacra y fomentar conductas de rechazo en la población en general, por otro lado, la exhibición masiva de este tipo de violencia, puede llegar a inmunizar a los espectadores, convirtiendo este tipo de hechos en habituales y generando patrones de normalización, especialmente en las etapas de crecimiento de los niños.

Por todo esto, se debe hacer hincapié en la importancia del tratamiento de la información, siendo conscientes del posible efecto negativo que puede causar tanto a los protagonistas como que los contenidos e imágenes que se emiten podrían inducir a otros, adultos o menores, a imitar o copiar estas conductas.

Desde un punto de vista personal, creo en la necesidad de realizar un estudio que confirme claramente las relaciones de causalidad existentes entre la introducción de este tipo de hechos en los medios y su interiorización por parte de los telespectadores, antes de demonizar a los medios de comunicación; entendiendo que estos evitan el tratamiento de la violencia de género y sobre menores, con fines comerciales o de audiencias.

Los sucesos violentos deben ser tratados con imparcialidad, rigor y transparencia, así como evitar cualquier espectáculo que pretenda justificar la agresión. Además, los perfiles de los agresores son muy variados, por lo que no se debe dar una generalización sobre los mismos; de lo contrario, corremos el riesgo de dar sentido global a un hecho puntual dentro de una problemática tan compleja. La discrecionalidad en estos casos pasa, por ofrecer la información, unida al hecho de la eficacia en las investigaciones policiales y judiciales que resuelven el caso.

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